¿Cómo ayudar a un adicto al juego? – Testimonio de liberación total

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Testimonio del pastor Juan Bonilla.

Durante un culto, él se resistía a ir al altar, porque no quería romper las reglas del juego de su familia católica, pero Dios le habló y no pudo resistir su llamamiento.

Él miraba a los alrededores para buscar una salida, pero la única escapatoria era ir al altar de oración a los pies de Cristo a donde confesó sus pecados.

Al hacerlo sintió una paz y sintió que se le quitó una carga de encima, ya que su vida era un desastre antes de haberle pedido perdón a Dios.

Posted by La iglesia de Dios en Panamá on Sunday, October 4, 2020

El hermano Juan Bonilla aceptó a Jesús el 29 de abril de 1995.

Fue invitado por la hermana Gloria de Rosales a unos cultos en la iglesia de Dios en calle 16 Río Abajo, y antes de llegar tenía la mentalidad que nadie iba a cambiar su forma de ser.

Durante el culto él estaba bastante tenso y en el momento del llamamiento a aceptar a Jesús en el altar él sintió que alguien lo levantaba de la banca y que no podía caminar con sus propios pies, por lo que pidió a una persona cerca que lo ayudara a llegar hasta el altar.

Al llegar allá, le dijo a Dios que lo perdonara por todo lo malo que había hecho. Dijo que no tenía muchas palabras, pero lo que salió, vino de lo profundo de su corazón.

Aquel día, él se resistía a ir al altar, porque no quería romper las reglas del juego de su familia católica, pero Dios le habló y no pudo resistir su llamamiento.

Antes, él miraba a los alrededores para buscar una salida, pero la única escapatoria era ir al altar de oración a los pies de Cristo a donde confesó sus pecados.  Al hacerlo sintió una paz y sintió que se le quitó una carga de encima, ya que su vida era un desastre antes de haberle pedido perdón a Dios.

En su familia había mucho sufrimiento y él tuvo que trabajar desde temprano para ayudar a sus hermanos para que pudieran estudiar y así fue que incursionó en el mundo de la construcción desde muy temprano, lo cual sirvió de avenida para que cayera en aquello de tomar cervezas, licores y jugar deportes en los cuales también incurría en aquellos vicios.  A parte de todo eso, sus padres se daban a la chinguia y él siguió por el mismo camino, en donde también se dio a jugar a los dados, a las barajas, a los juegos de azar, a la lotería, a las palabras sucias y a las parrandas.

En el fondo de su corazón, él decía que no quería volver a tomar licor, ni hacer sufrir a su mamá, ni gastar más plata en la lotería, ni pelear o tener conflictos con los amigos.  Haciendo estas cosas él no era feliz, sino por el contrario, no tenía satisfacción y vivía por vivir.

Sin embargo, cuando conoció a Cristo, obtuvo paz y una vida diferente, razón por el cual abrazó a Cristo con pasión, ya que él quería algo diferente.  Su vida fue impactada cuando llegó a la iglesia de Dios, al ver cómo los hermanos le hablaban y cómo lo invitaban a sus casas, a tal punto que él decía que él quería el mismo tipo de vida.

En sus inicios, él decidió congregarse solo algunos domingos y decidió prescindir de los cultos en la semana. Sin embargo, prontamente creció un interés en su vida por la palabra de Dios. En los cultos se daba a preguntar cuando no entendía algo, realizaba las tareas que dejaba el pastor en los estudios bíblicos, tenía una actitud de agradecimiento, y quería decirle a todo el mundo que ahora era salvo y que debían buscar a Dios.

El hermano Juan cuenta que su padre se enojó mucho cuando él buscó a Dios. Una vez lo mandó a comprar cigarrillos y aunque aún después de salvo él seguía comprándole cigarros, un día Dios le dijo que ya no le comprara más cigarrillos. Él obedeciendo le dijo a su papá que no le compraría más cigarrillos, y su papá se enojó en gran manera.

También tuvo oposición en su casa ya que sus hermanos se opusieron a que él buscara de Dios. Él se deshizo de cosas como música de típico, salsa, baladas, etc., en otras palabras, quemó algunas y otras las tiró al hueco del servicio.  Esto lo ayudó a afirmar su vida en Dios, ya que él iba en serio con él.

En otra ocasión, su jefe le pidió decirle a un cliente que él no estaba presente (era una mentira). El hermano Juan fue y le dijo al hombre que él no estaba, sin embargo, regresó con una profunda sensación de tristeza por haber ofendido a Dios al mentir. Por allí mismo le pidió perdón a Dios y le dijo a su jefe que nunca más contara con él para decir una mentira.  De allí en adelante, su jefe lo respetó.

A raíz de su cambio, su mamá le dijo 5 meses después: “yo quiero lo que tú tienes” Ella sabía que él era difícil, terco y malcriado. Pero cuando vio el cambio, su vida fue impactada. Ella clamó al mismo Dios por un cambio. Su madre no sabía leer, y lloraba para aprender. El hermano Juan y su mamá oraron y oraron hasta que su mamá aprendió a leer.

Él no solo dejó el deporte y el mundo por Cristo, sino que dejó su carrera de TÉNICO EN EDIFICACIÓN CON ESPECIALIZACIÓN EN INGENIERÍA del cual es egresado de la Universidad Tecnológica de Panamá para servir a Dios pastoreando a las almas.

Actualmente se mantiene pastoreando en la congregación de la iglesia se Dios en Mamoní y La Zaína, áreas las cuales se conocen como de difícil acceso.  A veces viajan a caballo para transportarse de un lugar a otro, pero su ayuda a los hermanos lo hace con gozo, pasión y amor a Dios y para el beneficio de los hermanos en Cristo.

Muchas veces se usa la posición del pastor implicando que “no hacen nada”, sin embargo, a él le gusta colaborar. A él no le gusta que los hermanos sientan como que él es superior a ellos. Trabaja con humildad y sencillez junto con sus hermanos en Cristo como un equipo.