Una conocida la invitó a la iglesia, pero ella la trató de forma tosca. Sin embargo, estaba muy impresionada del cambio que veía en sus hermanos, quienes habían aceptado a Jesús. Temía morir, porque sabía que se perdería en el infierno.
Mientras otros celebraban, él también anhelaba diversión, quería sentirse feliz, pero tenía un vacío. Se halló desesperado, preocupado y llorando. Fue en ese momento que volvió a oír la voz en su mente que decía: “nunca quise eso para ti”. Se arrodilló en una esquina y lloró como un niño delante de Dios.
A sus 10 años aceptó a Jesús en su corazón, sin embargo, en la escuela prefirió mantener su relación con Dios que abrirse a conversaciones vulgares y de noviazgo. Dado el ambiente escolar, llegaba a casa drenada de tanto luchar y de una vez se hincaba a orar para recobrar fuerzas en Dios.
Llegó al templo con la mentalidad que nadie iba a cambiar su forma de ser. Durante el culto estaba muy tenso y en el momento del llamamiento para aceptar a Jesús en el altar, él sintió como si alguien lo levantaba de su banca y que él no podía caminar con sus propios pies. 5 Meses después y a raíz de su cambio su mamá le dijo: “yo quiero lo que tú tienes”
Manuel comenzó a experimentar los placeres que ofrecía el mundo, pero algo siempre registraba en su mente diciéndole: “estás haciendo mal”. Mientras andaba lejos de Dios, siempre le pedía por las noches diciendo: “Señor, no dejes apagar esa llama que hay en mí"
Su novio le pidió que salieran, y al regresar esa noche ella estaba muy apenada, sintiendo que merecía morir por un rayo que cayera del cielo sobre ella. Decidió terminar con su novio, por lo cual fue catalogada como "tonta" y tuvo que abandonar el lugar donde vivía para mantener su relación con Dios.
Yo le recomendaría a cualquiera persona que vaya a buscar a Dios: asegúrate que realmente estás listo a dejarlo todo para servir al Señor, porque cuando estás listo a dejarlo todo, entonces se hace más fácil permanecer por 41 años como yo lo he hecho, porque yo tomé la decisión de dejarlo todo.
La niña Tary era rebelde, respondona y se entregaba a pensar cosas que no eran correctas. En casa su padre les hablaba sobre la naturaleza carnal y gracias a su perseverancia, hoy es una joven salva, llena del Espíritu Santo y útil para Dios.
Era una persona rencorosa, malhumorada, llena de mucho odio en el corazón. Podía tomar odio contra otra persona rápidamente. Era muy poco importa con las otras personas y con los que me rodeaban. Hoy creo que todavía hay jóvenes que una palabra puede cambiarlos para que consideren su salvación.
Yo no estaba buscando un cambio. Yo vi el pecado como un chicle. Tiene un sabor, tiene un placer, pero ya después que pasa toda la euforia el gusto que tenía ya no está. Pasan los días y sientes un vacío. Los placeres no quedan, el sabor se va. Yo estaba así. Cuando yo confesé mis pecados ante Dios, un peso se me levantó de encima.

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