Se arrepintió ante Dios mientras celebraban los carnavales

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El pastor Arcenio Gomez nació en una región apartada de la provincia de Chiriquí, en la comunidad de Las Trancas, corregimiento de Cerro Caña.

Vivió con sus padres hasta los 14 años, y a esa edad comenzó a salir para estudiar, de tal forma que iba y venía.

Creció en un seno familiar donde se hablaba de Dios y les inculcaron la palabra de Dios desde muy temprano. Sin embargo, a pesar de crecer en un hogar cristiano, no le explicaban qué era el pecado ni por qué la salvación era tan importante.

Al mirar hacia atrás, reconoce que su vida era religiosa y que no tomaba las cosas de Dios en serio.  Participaba de las “cosas religiosas”, pero sin vivir el significado que representaban aquellas cosas.

Más adelante en la vida y ya alrededor de sus 36 años, él sintió un gran vacío en su interior y buscó la salvación.

Antes de este momento su vida estaba fuera de orden, y aunque no estaba metido en vicios, reconoce que sí estaba en el pecado ya que se dio a buscar placeres y diversión junto con sus amistades y gavillas.

Lejos de encontrar esa felicidad, encontró sufrimiento, tristeza, lamentación y llanto.  Estando en el pecado, oía la voz de su conciencia dentro de sí que decía: “yo no te enseñé eso, yo no te enseñé eso”.  Por lo tanto, se avergonzaba y sentía reprendido cuando andaba en ciertos lugares con sus amigos.

En el año 2005 durante la celebración de los carnavales y en medio de la música, la fiesta y la diversión en la comunidad, él estaba sufriendo y se sentía muy azotado y golpeado por el pecado.

Él también anhelaba la diversión como otros parecían estarla disfrutando, quería sentirse feliz, pero tenía un vacío; quería sentir un gozo, una paz, pero no lo tenía.

Alrededor de la medianoche, se halló desesperado, preocupado y llorando porque no encontraba lo que él quería hacer. Fue en ese momento que volvió a oír la voz en su mente que decía: “nunca quise eso para ti”.

Acto seguido, se levantó de la cama, se arrodilló en una esquina y lloró como un niño delante de Dios, reconociendo su amor por él y el sufrimiento que él mismo había buscado para sí.  Lloró, oró y se arrepintió en ese momento. Dentro de sí, sintió como un refrigerio de pies a cabeza y literalmente sintió la paz y fuerza de Dios en su corazón.

Después de esto, comenzó a buscar una congregación donde se predicara el evangelio puro, pero luego de asistir a un templo se dio cuenta que habían cosas que no se alineaban con la Palabra de Dios.

Más adelante llegó a la iglesia de Dios, y el pastor Frank Brewster le preguntó si estaba consagrado. A él le pareció extraña la pregunta porque siempre pensaba que la consagración era solamente para los que eran pastores, ministros, misioneros, evangelistas y maestros de escuela dominical. Él pensaba que solo ellos podían tener dicha consagración y santificación.

Sin embargo, se dio a estudiar el tema y se dio cuenta cuán importante es la consagración para tener acceso a Dios, por que él es santo y puro.

Antes de conocer a Dios y arrepentirse, Arcenio llegaba amargado al trabajo, tenía problemas con todo el mundo, había orgullo, rebeldía y siempre quería ganar las discusiones.

Hoy en día, él declara que la salvación es un regalo que recibió de Cristo, lo cual toma con mucha responsabilidad, seriedad, temor y obediencia.

De igual forma, se siente comprometido con Dios y con los que le rodean y lucha por manifestar la identidad de Cristo por donde él esté. También procura hablarle a otros para que conozcan a Cristo.