Conoce Qué Dice la Biblia Sobre los Tatuajes: 15 Versículos Claves

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¿Qué dice la Biblia sobre los tatuajes?

¿Es pecado? ¿Es aceptable?

Este es un tema que despierta gran curiosidad. La Biblia, como guía espiritual para millones de personas, contiene enseñanzas y directrices que abarcan todos los aspectos de la vida, incluyendo prácticas como los tatuajes.

Te invito a abrir la Biblia y explorar conmigo lo que realmente dice sobre los tatuajes. En este artículo, descubriremos los pasajes relevantes, analizaremos el contexto histórico y cultural de manera breve, y buscaremos entender cómo estas enseñanzas pueden aplicarse hoy en día.

Prepárate para un viaje de descubrimiento y revelación, donde la claridad y la verdad serán iluminadas por la sabiduría bíblica.

Historia y Evolución del Tatuaje

La historia del tatuaje se remonta a hace más de 5,000 años. Los primeros tatuajes se encontraron en momias egipcias y se cree que el objetivo era médico, para prevenir enfermedades. El tatuaje también se practicaba en la antigua China, Japón y América, donde tenía significados religiosos, sociales y de estatus.

En el siglo XIX, el tatuaje se popularizó en Occidente entre marineros y delincuentes, lo que le dio una connotación negativa. Sin embargo, en el siglo XX el tatuaje se reivindicó y se convirtió en una forma de expresión personal, especialmente entre los jóvenes. Hoy en día, el tatuaje es una práctica común a nivel global, aunque sigue conllevando algunos riesgos sociales y sanitarios.

¿Pero qué dice la biblia sobre los tatuajes?

En la versión de Reina-Valera de 1960, en Levítico 19:28 se lee lo siguiente: Y no haréis rasguños en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros señal alguna. Yo Jehová.

Sin embargo, es interesante observar cómo lo mencionan otras versiones:

NTV: No te hagas cortes en el cuerpo por los muertos ni te hagas tatuajes en la piel. Yo soy el Señor.

NVI: No se hagan heridas en el cuerpo por causa de los muertos, ni tatuajes en la piel. Yo soy el Señor.

RVR1977: Y no haréis incisiones en vuestro cuerpo por un muerto, ni imprimiréis en vosotros tatuaje alguno. Yo Jehová.

Por lo tanto, es evidente que la Biblia establece de manera clara que las personas no deben realizar tatuajes en su piel.

Sin embargo, existen consideraciones adicionales. Los tatuadores emplean agujas diminutas con pigmento que penetran la epidermis hasta alcanzar la dermis, la segunda capa de la piel. Este proceso implica la perforación de la piel, lo que conlleva el riesgo de infecciones cutáneas y otras complicaciones, incluyendo reacciones alérgicas e enfermedades transmitidas por la sangre.

Es común que se produzca un sangrado unas horas después de la realización de un tatuaje. La cantidad de sangrado puede variar dependiendo de la capacidad de cicatrización del individuo, la ubicación del tatuaje y sus dimensiones.

Es importante destacar que, si bien existen otros procedimientos médicos que también atraviesan la piel, como la administración de vacunas o la realización de cirugías, estos se llevan a cabo con el propósito de proporcionar algún beneficio al cuerpo, a diferencia del simple acto de plasmar una imagen o letras en la piel.

En el Antiguo Testamento, en Levíticos 21:5, se establece que Dios prohibía a los sacerdotes infligirse heridas en el cuerpo:

RVR1960: No harán tonsura en su cabeza, ni raerán la punta de su barba, ni en su carne harán rasguños.

NVI: Los sacerdotes no se raparán la cabeza, ni se despuntarán la barba ni se harán heridas en el cuerpo.

Es notable observar qué dice la Biblia sobre los tatuajes y los sacerdotes en la versión de RV1977: No se raparán la cabeza, ni se recortarán la barba, ni en su carne harán tatuajes.

Considerando estos datos, resulta relevante indagar sobre la opinión de Dios respecto a producir heridas en el cuerpo para tatuarse.

El internet está repleto de advertencias sobre otros daños que puede ocasionar el tatuaje. Cada individuo tiene la oportunidad de informarse y decidir si asume los riesgos o no.

Sin embargo, es importante recordar lo que enseña I Corintios 6:12: Todas las cosas me son lícitas, mas no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, más yo no me dejaré dominar de ninguna.

Asimismo, I Corintios 10:23 señala que Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica.

Hablemos con franqueza: el acto de tatuarse ha adquirido el estatus de una moda contemporánea, siendo considerado una expresión cultural y un símbolo de identidad personal. Esto implica que numerosas personas optan por esta práctica.

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El acto de tatuarse ha adquirido el estatus de una moda contemporánea, siendo considerado una expresión cultural y un símbolo de identidad personal.

Se estima que más del 38% de la población mundial posee al menos un tatuaje. Además, el mercado global del tatuaje, valuado en $1,890 mil millones en 2022, se proyecta a aumentar de $2,000 millones este año a $3,920 mil millones en 2030, según Fortune Business Insights. Asimismo, Allied Market Research predice que la industria global de eliminación de tatuajes, valuada en $478 millones en 2019, podría alcanzar hasta $795 millones en 2027.

Sin embargo, es pertinente cuestionar: ¿Qué postura adopta la Biblia respecto a las modas?

Entre otros pasajes, observemos la exhortación contenida en 1 Juan 2:15-16: No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.
Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

Adicionalmente, Santiago 4:4 advierte: ¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.

Estas escrituras delinean una clara demarcación entre Dios y el mundo, llegando al extremo de afirmar que el que ama al mundo, el amor del Padre no está en él y se declara enemigo de Dios.

Para comprender más profundamente el concepto de “mundo”, es esclarecedor dirigir nuestra atención a Efesios 2:1-5: Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados,
En los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia,
Entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás.
Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó,
Aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos).

Este pasaje revela que:

  • Dios concede vida a quienes estaban espiritualmente muertos a causa de sus pecados.
  • El diablo, como líder de la corriente del mundo, guía a aquellos que están espiritualmente muertos debido a sus pecados.
  • Seguir los deseos carnales y actuar conforme a la voluntad pecaminosa mantiene a las personas dentro de la corriente del mundo.
  • Pero Dios, en su misericordia y por medio de su gracia, ofrece vida a los que están muertos en pecados.

El cuerpo humano, según la concepción bíblica, es concebido como el templo del Espíritu Santo.

Desde tiempos antiguos, se evidencia la voluntad divina de que Su Espíritu resida en los corazones de los creyentes, como se registra en Ezequiel 36:27: Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

El Espíritu Santo no está destinado para aquellos que persisten en los placeres mundanos, sino para aquellos que mantienen una íntima relación con Dios, como se expone en Juan 14:15-17: Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre: el Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.

Dios anhela que el cuerpo de aquellos que disfrutan de tal relación íntima con Él sea considerado como el santuario del Espíritu Santo, como se menciona en 1 Corintios 6:19: ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Por consiguiente, aquellos que han sido imbuidos con el Espíritu Santo no poseen libertad ilimitada sobre sus cuerpos, ya que estos pertenecen al Señor, tal como lo afirma Romanos 14:8: Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.

En vista de esto, cualquier acción realizada con nuestro cuerpo debe redundar en gloria para Dios, como se evidencia en 1 Corintios 6:20:  Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

Este mandato implica que debemos guardar, preservar, conservar nuestro cuerpo sin defecto reproche, mancha o tacha, para honrar a Dios, como se expresa en 1 Tesalonicenses 5:23: Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

¿Qué ocurre si una persona se acerca a Cristo habiéndose tatuado anteriormente?

Es un hecho que muchas personas conocerán a Cristo después de haberse tatuado.

En 2 Corintios 5:17, encontramos que aquellos que están en Cristo son nuevas criaturas: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

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El relato del Hijo Pródigo en Lucas 15 nos ilustra cómo Dios acepta al pecador en su condición actual. De manera similar a cómo el padre no se fijó en el aspecto, mal olor, ni en el despilfarro del dinero de su hijo, ni reprochó la vida disoluta que llevó, Dios tampoco reprocha la vida de pecado en la que una persona haya incurrido. Por el contrario, si la persona se arrepiente genuinamente, Dios desea restaurar su vida plenamente.

Esto es comparable al caso de un asesino o pedófilo que, estando cumpliendo su condena en prisión, se arrepiente sinceramente ante Dios.

Todos aquellos que se arrepienten ante Dios deberán vivir con las consecuencias de sus acciones pecaminosas, ya que la Biblia enseña el principio de la siembra y la cosecha en Gálatas 6:7-8: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.

Sin embargo, la historia no termina aquí para ellos, ya que, si comienzan a sembrar buenas obras, eventualmente cosecharán vida eterna. Esto se evidencia en el siguiente versículo: No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Conclusión

Esperamos que este enfoque haya contribuido a esclarecer qué dice la Biblia sobre los tatuajes.

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