Finalizando con la serie:

“PRODUCIENDO LO BÁSICO”


Hijos sensibles a la voz de Dios

Esa mentalidad que acabamos de considerar (ver aquí el artículo que habla acerca de esa mentalidad) trabajará para producir esta sensibilidad en ellos.

Mientras mayor sea su conocimiento de Dios, mayor será su visión y mayores serán los recursos de los cuales podrá disponer el Señor para llamarlos y conducirlos conforme a Su voluntad.

De aquí surge la necesidad de que los padres cultiven en sus hijos la sensibilidad a su voz, juntamente con la capacidad de responder conforme a esa misma voz, ya sea paternal o maternal.

A este punto conviene mencionar que, como parte de la crianza, nuestra voz como padres es sumamente importante.  He aprendido de mi pastor que la mayor parte del trabajo en el Reino—ya sea interno o externo—se lleva a cabo con la voz.

Hay un porcentaje de la crianza que se lleva a cabo en el ejemplo, otro porcentaje se realiza en la ejecución de la corrección, pero un alto porcentaje se da en la voz, al hablarles.

Los 3 son igual de importantes, pero el ejercicio de la voz debe ser el predominante en cuanto a su ejecución.  ¡Cuán importante es nuestra comunicación con nuestros hijos! Me refiero a esa continua conversación, donde mutuamente se transmite información que enriquece la relación.  Esta comunicación trasciende los límites de esas conversaciones por necesidad: asuntos de la escuela corrección, etc.

Esto contribuye a lo que mencionamos acerca de la obediencia.  El desarrollo de la sensibilidad de los hijos a la voz de sus padres los prepara para ser sensibles a la voz de Dios.  Estoy hablando de esa reacción inmediata al sonido de la voz paternal, al punto de dejar aquello que en el momento pudiera ser de interés para responder al llamado.  Me refiero a esa capacidad en todos de hacer silencio para percibir lo que mamá está tratando de decir, lejos de seguir cada cual en sus actividades como si nada hubiera pasado.

Esta capacidad no se logra a la fuerza o con castigos; esto está ligado al tipo de relación que se desarrolla entre los padres y sus hijos.  El ser humano atiende con pronta solicitud a aquel que tiene en alta estima.  Esa sensibilidad a la voz paternal es uno de los resultados que se obtienen cuando los hijos llegan a apreciar y venerar a sus padres, por su comportamiento en el trato dentro de la sabiduría de Dios, y la consistencia en aquello. Esto despierta en ellos (los hijos) aquel sentido de correspondencia, por el cual voluntariamente procuran no hacer nada para ofender a sus padres, porque no quieren perder esa relación que tanto aprecian, por lo que papá y mamá han significado para ellos al paso de los años.

Al hacer mención de estos aspectos, estamos hablando de una producción superior a lo que cualquier institución mundanal, raza o país pudiera producir.  ¡Necesitamos mostrarle a la humanidad que esto funciona!  Dios ha diseñado Su iglesia de tal forma que en todo debe supe-rar al mundo.  Así es, amado lector, necesitamos producir la tierra de miel en la implementación de estas cosas.  Esto es, en gran parte, lo que moverá a la humanidad a desviar su mirada de su propia producción para enfocarla en lo que funciona, lo que Dios produce a través de Su pueblo, por la excelencia de su calidad.  El hombre no va a buscar algo inferior a lo que ya posee.  Este es uno de los aspectos de lo que Jesús dijo en Mateo 5:20:

…si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.

Considero que esta debe ser la calidad de vida en nuestros hijos aunque aún no hayan alcanzado la salvación.  Esto debe ser lo básico, que trabaja como un trampolín hacia la experiencia de salvación, ya que el desarrollo de cada una de estas cualidades es un reflejo de las altas posibilidades de que lo logren.

Criémoslos desde su niñez como los adultos que Dios quiere que sean: sumisos, respetuosos, reverentes al Señor, de buena apariencia, capaces de valorar la unidad familiar, con una mentalidad espiritual, sensibles a la voz de Dios.  Todo esto contribuye a mantener el ambiente propicio que el Señor desea en el hogar a pesar de que no todos los hijos sean salvos.  Procuremos motivarlos, por ejemplo, a la oración, no sólo a la mesa o a la hora de dormir, pero aun durante el transcurso del día.  Tome la ventaja sobre el enemigo: a pesar de la naturaleza carnal en ellos, en sus corazones hay una atracción hacia Dios que los hace responder a temprana edad; aproveche esta condición.  Si sabiamente, y con el conocimiento necesario impartido a ellos, les inducimos a que hagan lo que les conviene, eventualmente se les hará más fácil el camino para que lo hagan voluntariamente.

Algo que trabaja efectivamente en ellos es su incorporación en las actividades del reino.  A los niños les gusta la actividad.  Hay un efecto que se da en sus espíritus cuando se ven involucrados en el trabajo de evangelismo, o en la cadena de oración, o en el ministerio de visitación; su visión del Reino se amplía y se dan cuenta de que la experiencia en el Señor sobrepasa los linderos de ir al culto, cantar y escuchar mensajes.  Cuando se sienten parte del desenvolvimiento de la iglesia, en casa lo comentan, resulta ser el tema del día y hacen preguntas; van creando conciencia, por la obra del Espíritu, acerca de la seriedad de esto y de su necesidad de estar en el lugar para serles útiles al Señor y no quedar por fuera.  En la realización de la obra del Señor no los veamos como un estorbo; ellos también son parte de la obra.  No es propio que nuestra concentración en el llamamiento que Dios nos ha dado sea tal que perdamos de vista nuestra propia casa; ellos también forman parte integral de nuestro llamamiento.

(Extracto del libro “PRODUZCAMOS LA TIERRA DE MIEL” Algunas imágenes no forman parte del libro. Imagen tomada de: FreeBibleimages.org.)