Seguimos con el tema:

“PRODUCIENDO LO BÁSICO” 


Hijos que practican la buena apariencia en la vestimenta

Lo que a un niño se le enseña a temprana edad queda en él.

Estamos hablando de ese sentido de cuidar su intimidad, de desarrollar la vergüenza a exponerse, tanto niñas como varones.  Pero esto demandará el entendimiento necesario, que lo vean claramente como un beneficio para ellos mismos en la protección de su íntima identidad, y el desarrollo del respeto en cuanto a la imagen que están y estarán proyectando ante la sociedad, lo cual los motivará a mantenerse cubiertos debidamente, de su voluntad más que por obligación. 

Más importante y efectivo es que crezcan desarrollando el espíritu del decoro, el pudor y la modestia como una protección Divina, para su propio beneficio, más que el mantener el nivel de la doctrina.  Es más, el nivel se mantendrá cuando esto les registre y voluntariamente lo implementen en su diario vivir.

En la medida que sabia y consistentemente se invierta lo necesario para el arraigo de este concepto en ellos, lo absorberán y lo mantendrán como parte de su vida aun a pesar de la fuerte corriente mundanal.  He tenido la experiencia de ver a jóvenes no salvas que han aceptado esto y lo han mantenido aun estando solas en el ambiente mundano en que se mueven. Si desde temprano y consistentemente se habitúa a la niña a usar sus faldas y trajes largos, y de igual manera al niño a usar sus pantalones largos y sus camisas bien abotonadas, ellos mismos, al paso del tiempo, lo sostendrán como la norma en sus vidas. Pero tanto la consistencia como el tiempo en que se implementa esto juegan un papel importante.  Gran parte de la batalla con la vestimenta de nuestros hijos radica en la aplicación tardía.  Si durante los primeros ocho años, por decir un tiempo, se le acostumbra a una niña a usar falda corta, es de esperarse que al tratar de implementar la falda larga a los nueve años, ella cuestione ¿por qué?  “¿Por qué no puedo seguir usando mi falda corta, esa falda que me acostumbraste a usar durante todos estos años?”  ¿A qué se debe el cambio?  Y no solo demandará el tiempo sustancial para pacientemente trabajar con ella hasta que el asunto le amanezca en su mente, pero implicará también lidiar con el cambio y el reajuste de su vida hasta acostumbrarse a lo que ahora será el nuevo patrón para ella. Y lo mismo es con el varón en relación con los pantalones.  No estoy implicando con esto ningún mandato o ley en cuanto a la vestimenta de los niños, más bien procuro explicar el por qué de la necesidad de inculcar ciertas enseñanzas a temprana edad.  Más vale acostumbrarlos desde temprano con el entendimiento correcto al patrón Divino, en la modestia, de manera que al ir creciendo les sea más fácil mantenerlo a pesar de la corriente mundanal.  Además, de esta forma se sentirán avergonzados y raros si alguna vez se les ocurriera probar alguna vestimenta impropia. Juntamente con esto conviene mencionar que la vestimenta correcta no se limita a lo que tiene que ver con cubrirse debidamente.  Ello implica también una clara diferencia entre lo mundano y lo santo; lo cual debe reflejarse en nuestros hijos aunque no sean salvos. Hay ciertas prendas de vestir que si bien es cierto cubren todo el cuerpo, a la vez, porque son apretadas, exponen precisamente la forma de aquellas partes del cuerpo que son atractivas al sexo opuesto, porque para ese propósito fueron diseñadas.  De tiempo en tiempo surgen modas tanto de colores como de diseños extravagantes, fuera de orden.  No debemos permitir que nuestros hijos se estén identificando con toda moda que el mundo les ofrece.  Si nosotros no lo hacemos, ellos tampoco deben hacerlo.  Esta faceta de la vestimenta, que completa el paquete, también contribuye para lo que les conviene.

(Extracto del libro “PRODUZCAMOS LA TIERRA DE MIEL” Algunas imágenes no forman parte del libro.)