Les cuento cómo ha sido mi crecimiento en Cristo

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La hermana Yolanda creció sin instrucciones cristianas en su hogar, sin embargo, su mamá les enseño los Salmos 91 y 86.

También les dejaba la Biblia abierta en diferentes porciones tales como el Salmos 91. Mientras eran niños, sus padres no conocían a Jesús, sinó hasta más tarde.

Vivió en la provincia de Bocas del Toro hasta III año (noveno grado) y era una muchacha normal y tranquila quien buscaba divertirse en fiestas de cumpleaños, bautizos de niños, etc. Posteriormente, viajó a la ciudad de Panamá y se fue a vivir con un hermano.

Recuerda ser una joven muy tímida e insegura, quien siempre buscaba la aprobación de los demás. Ya acá en la ciudad, iba siguiendo la corriente de lo que le decían los demás y comenzaba gradualmente a practicar cosas que no estaba acostumbrada a hacer, como saltar en las novatadas en el colegio.  A veces su hermano la invitaba a ciertos lugares y de pronto ella se veía involucrada en bailes, sin embargo, no estaba acostumbrada a estas cosas.

A sus 19 años ya trabajaba, y al vivir con sus hermanos, estos habían ido a la iglesia y habían aceptado a Jesús en sus vidas.  El cambio en ellos fue notorio, especialmente en una de sus hermanas quién cambió radicalmente de la noche a la mañana. Así pues, Yolanda cayó en cuenta que si Cristo regresaba, ella sería la única que iría al infierno.

Para ese entonces había una hermana joven en la iglesia que se llamaba Edicta Frías quien era amiga de uno de sus hermanos, y buscó a Yolanda a su trabajo para compartir con ella; pero ella le respondió de forma un poco tosca, ya que no quería saber nada de la iglesia. No obstante, durante el camino, la hermana Edicta la invitó a un refresco y aprovechó para invitarla a la iglesia.

La hermana Edicta siguió visitándola unas dos o tres veces, y de la nada Yolanda decidió ir a la iglesia un viernes. Cuando llegó al templo estaba cerrado, por lo que se asustó y pensó como que Dios no la quería.

Volvió a ir el domingo y llegó tan temprano que el templo también estaba cerrado así que nuevamente se regresó para su casa casa.

Volvió a intentar una vez más el mismo domingo en la tarde y esa vez sí pudo participar del culto vespertino. Recuerda que cantaron un canto que decía “Redimido”, pero ella misma se decía que no podía cantarlo, ya que no estaba salva. Al final del culto el pastor le preguntó si había aceptado a Cristo como su Salvador, pero ella no lo había hecho.

Yolanda regresó el martes siguiente al templo, y estaban estudiando el libro de Éxodo, pero ella no comprendía nada. Sin embargo, mientras se daba el culto la hermana Edicta la sacó, le habló y le explicó acerca de la salvación y esa noche ella aceptó a Cristo en su vida, aún sin conocer mucho acerca de Él.

Ella cuenta que no inició el camino cristiano por amor a Dios, sino por temor, por miedo de ir al infierno. Ella no sabía prácticamente nada de la Biblia, pero le asustaba el pensamiento de perderse en el infierno.

Al inicio, como la hermana Yolanda no entendía mucho, faltaba a algunos cultos, pero la hermana Edicta la visitaba a su casa consistentemente, se preocupaba por ella y le leía la palabra. Confiesa que si no hubiese sido por la hermana Edicta, ella no lo hubiera logrado. Ella fue fundamental en su crecimiento espiritual personal.

Poco a poco fue consolidando su crecimiento en Cristo y integrándose más con el trabajo que se realizaba en la iglesia y se interesó por entregar tratados, evangelizar, compartir, y visitar lugares que en ese tiempo los jóvenes visitaban, como las comunidades de Unión Veragüense y Rubén Darío Paredes, este último en la 24 de Diciembre.

La hermana Yolanda comenzó a ir a esta última comunidad siempre que podía, ya sea sola, o acompañada. El haberse integrado en los grupos de ministración la forjó para estar preparada para lo que fuera. De tal forma, si había algún viaje o gira, ella tomaba tiempo delante de Dios para prepararse, para ser efectiva y para hablar con otras personas.

Muchos años más adelante, viajó nuevamente a Changuinola para lidiar con algunos asuntos familiares, y terminó ayudando a los hermanos de la iglesia de Dios en esa región durante cuatro años. Sin embargo, no fue fácil para ella, ya que otros influían tremendamente en evitar que ella realizara el trabajo.

Queda claro que el crecimiento espiritual personal es de gran importancia. Hoy por hoy, para la hermana Yolanda es muy importante buscar el rostro de Dios, y refiere una porción en Isaías 26:9 que dice: “Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte”.

A Dios gracias, a pesar de las distracciones presentes, ella lucha para no enfriar su experiencia con Él.